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Bach y su Contexto

Sin embargo la idea vitalista existe mucho antes que la corriente. Esta idea es uno de los pilares del trabajo de Hahnemann (1755-1843), padre de la Homeopatía, que influyó de manera decisiva en las nociones de Bach. Según Hahnemann, todos los seres vivos poseen una energía sutil más allá de sus estados físicos y químicos. Hahnemann aplicó este concepto tanto al cuerpo humano como a la materia inanimada. Consideraba la mala salud como el resultado de un desequilibrio interno que afecta a la fuerza vital del cuerpo [3]. En la sección de La Homeopatía como Antecedente de la Terapia Floral de Bach trataremos más a fondo la relación entre la Homeopatía y las Flores de Bach. Por ahora dejemos claro que tanto Parecelso como Hahnemann y Bach; tanto Hipócrates como Avicena, Razi y Maimonides, cada uno en distintos momentos de la Historia de la Medicina, concuerdan en que la enfermedad cumple una función y no es producto de una descomposición al azar, como afirmaba la corriente dominante en la época de Bach. “Así como evoluciona la materia, evoluciona el alma... las cosas están interconectadas, hay lazos de solidaridad entre ellas” [4]

Solamente Sigmund Freud y Carl Jung introdujeron el factor del "inconsciente” en el estudio científico de las enfermedades. Ellos establecieron la importancia simbólica de los sueños:
… Freud dirigió su curiosidad científica hacia lo obvio; todos habían estado conscientes de esta amnesia universal por largo tiempo, pero nadie pensó en investigarla. Reconocieron en los seres humanos un mundo interno, lleno de contrastes que determinan su conducta. Freud nunca estuvo satisfecho con observaciones aisladas; sentía una presión irresistible de encuadrarlas en una estructura ordenada.

En La Interpretación de Sueños (1890) y Los Tres Ensayos Sobre la Sexualidad (1905), Freud explora la sensualidad humana como la fuerza que lleva al hombre a revelarse y a evolucionar, lo que escandalizó a la apretada sociedad vienesa de su tiempo.

Es probable que Edward Bach haya estudiado los trabajos de Freud y Jung para el desarrollo de su propia filosofía. De ahí que haya intuído una nueva forma de percibir. Según Capra: Hay soluciones para la mayoría de los problemas de nuestro tiempo; algunos de ellos hasta simples, pero que requieren de un cambio de nuestras percepciones, nuestro pensar, nuestros valores.

Idries Shah refiere en su Commanding Self (El Yo Dominante) que: ...no tengo ninguna duda de que todo lo que debes hacer es aprender que la ‘información viene antes que la iluminación’. Y ciertamente necesitas información. Nuestra información y experiencia es que las personas están inseguras, sienten insatisfacción y sufren de confusión cuando, y sólo cuando, no quieren aprender. La parte de ellos que se resiste a aprender provee la confusión.

De ver a la enfermedad como maldición divina en la Edad Media, como el desgaste de las partes de una máquina, o como resultado de un código genético alterado, Bach pasó a vislumbrar el significado simbólico de la enfermedad detrás de los síntomas, en nuestro camino hacia una percepción directa y sin velos de la verdad de todas las cosas. Es parte de una búsqueda del hombre, dueño de un depósito divino, capaz de lograr una evolución, encontrando una función en todo aquello que experimenta, y que le ayuda a continuar esta evolución. Bach encontró la utilidad de las enfermedades en la evolución del hombre, de acuerdo con el diseño trazado por la sabiduría interna de cada individuo. Propone que las enfermedades están ahí para ayudarnos, mediante su significado simbólico, a retomar nuestro camino, libre de interferencias, de culpas, de miedos, de amenazas externas o ataduras, y cumplir nuestra misión en este mundo, que para Bach “es un día de clases del colegio”.

“La enfermedad no es una crueldad ni un castigo, sino solo y únicamente un aviso, es un instrumento del que se sirve nuestra propia alma para mostrarnos nuestros errores, prevenirnos de otros e impedirnos cometer más daños. Para devolvernos al camino de la verdad y de la luz del que nunca deberíamos habernos apartado”

[3] Lockie (2000) pp18
[4] Bach 1999



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