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¿Quién era Bach, el hombre...?

Es curiosa la sincronía que existe entre los pensamientos de Bach y Hahnemann, el padre de la Homeopatía, en cuyo estudio se adentró Bach algunos años después. Hahnemann expresa en su Organon: “…no más requiere del médico (el examen) que estar libre de prejuicios y juzgar cabalmente, observar atentamente y al trazar el cuadro de la enfermedad ser fiel a lo real” [10]

En julio de 1917, Bach recibió un diagnóstico fatal: la grave hemorragia que había sufrido era producto de una enfermedad incurable que le pronosticaba sólo tres meses de vida. Se dio de alta a sí mismo, abandonó el hospital y se retiró a su laboratorio obsesionado por la idea de terminar sus investigaciones. Se puso a investigar día y noche sobre su enfermedad y recuperó inesperadamente la salud.

“Esta experiencia lo llevó a la conclusión de que un interés absorbente, un gran amor o un propósito definido en la vida son factores decisivos para la felicidad del hombre en la Tierra y fue el incentivo que lo llevó a arrostrar sus dificultades y a recuperar su propia salud.” [11]

Por situaciones económicas, Bach trabajó un tiempo en el hospital homeopático de Londres, acercándose íntimamente a las ideas de Hahnemann. En 1929, publicó en el British Homeopathic Journal “el redescubrimiento de la psora”. Unos meses después, tomó la resolución de buscar los remedios a las enfermedades entre las plantas y las flores del campo. Se retiró a Gales para poder empezar a experimentar con sus flores.

Bach estudió en el laboratorio las primeras tres flores. Las siguientes las descubrió tomándolas entre sus manos, probándolas con la boca para conocer así sus propiedades. Supo que en la simplicidad de los cuatro elementos puede haber remedios de gran poder. La tierra nutre la planta, ella toma oxígeno del aire, el sol le imparte su poder y el agua recoge y enriquece su poder curativo.

Su contacto con las flores y los resultados que él observó al usarlas con la gente del campo, lo llevaron a escribir el borrador de su libro Cúrate a tí mismo. Ahí reveló por primera vez la importancia de considerar a las flores como una forma alternativa de curación de las enfermedades, cuyo núcleo provenía, según Bach, de la falta de armonía entre el alma y la personalidad, o de la mala disposición hacia los demás. Ambas actitudes representan un atentado contra la unidad universal de la que formamos parte insoluble. Ante "defectos" como orgullo, crueldad, odio, egoísmo, ignorancia, inestabilidad y codicia, señaló la necesidad de oponer virtudes, para ayudar así a los enfermos en su camino de regreso a la salud, libre de condicionamientos y preconceptos que vienen del exterior. Presentó entonces este escrito a la sociedad médica, que desde entonces mostró una enorme dificultad para comprender esta alternativa de curación. Los científicos oyeron las ideas de Bach como una afrenta, una rebeldía absurda. Así es como Bach, por no encontrar ninguna resonancia entre sus antiguos compañeros, y “habiendo probado que las hierbas del campo son tan simples de usar y tan maravillosamente efectivas en su poder curativo, renunció a la medicina ortodoxa” [12]. Cambió su título de médico por el de “Doctor-maestro-intructor de vida” y decidió seguir solo.

Hacia 1934, concluyó su investigación sobre las Flores. Las dividió en siete grupos de acuerdo a las diferentes emociones de las personas. Las 38 Flores. Los relatos populares cuentan que entonces anunció: “mi tarea está cumplida, mi misión en el mundo está terminada” [13], y que proféticamente murió dos semanas después, el 27 de noviembre de 1936, del cáncer de colon que lo atacó cruelmente durante años. Murió en su casa de Mount Vernon Sotwell, en Gran Bretaña, donde se recolectan desde entonces las Flores y se preparan las esencias.

[10] Hahnemann parágrafo 83 pp 150
[11] Weeks (1973) pp 23
[12] Pastori (1993) pp 33
[13] Pastorino (1989) pp23

 



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