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Introducción

Para la Ciencia reconocida, que concibe al cuerpo humano como una simple máquina funcionando por meras reacciones físicas y químicas, es imposible aceptar que un elemento pueda actuar lejos de estos dominios. Por eso a la mayoría de los científicos les resulta inverosímil que las simples flores puedan tener algún efecto real en el cuerpo físico. Esta resistencia al cambio es comprensible en las personas comunes, pero los científicos debieran abrirse más a estas otras alternativas de curación.

Hay muy pocas excepciones. Un ejemplo es Benveniste [1], un investigador moderno que también ha sido muy criticado.
Sus estudios versan sobre la actividad de las sustancias en altas diluciones.

Este científico propone que el medio básico de acción de las sustancias biológicamente activas (como neurotransmisores y demás mensajeros moleculares) es un campo electromagnético, algo así como una señal de radio. Esta visión se opone a la idea de que las moléculas "se pegan" físicamente a los receptores de las membranas celulares. Benveniste plantea que la acción de las sustancias ocurre en un campo energético y no en la materia misma de la molécula...

En cuanto más se abran estas líneas de estudio dentro de la Ciencia, más podremos saber cómo actúan las Flores de Bach, porque hoy por hoy el mecanismo preciso de sus efectos se desconoce. Hasta ahora estamos limitados a usarlas sin entender cómo nos curan.

Sobre el efecto de sus esencias florales, Bach escribió en 1934 lo siguiente:

"...determinadas flores, arbustos y árboles silvestres de un orden superior, tienen el poder de aumentar nuestras vibraciones humanas y dejar expeditos nuestros canales a los mensajes de nuestro Yo espiritual, inundar nuestra personalidad con las virtudes que nos son necesarias y de ese modo lavar los defectos (de carácter) que causan nuestros males. Como la buena música u otras cosas grandiosas capaces de inspirarnos, que están en condiciones de elevar nuestra personalidad y acercarnos más al alma. De este modo nos brindan paz y nos liberan de los padecimientos. No curan atacando directamente la enfermedad, sino invadiendo nuestro cuerpo con las bellas vibraciones de nuestro Yo Superior, ante cuya presencia la enfermedad se derrite como la nieve al sol". [2]



[1] Ver Benveniste www.bigibio.com
[2] Scheffer (1992) pp 18



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